Las lágrimas de ella recorrieron toda la almohada. Lloró hasta que le dolía el alma. No quería perderle. No quería volver a estar sin él. Le amaba. Le amaba pero le odiaba. Por primera vez le estaba pasando eso.
Arrancó las fotos de la puerta de su cuarto. Y las rompió en mil pedazos. Cogió ese corazón de peluche que tanta ilusión le había hecho cuando ellos llegaron a los seis meses y él se lo regaló, y lo pellizcó. Sabía que a ella le dolía más lo que le había hecho que simples pellizcos en el corazón.
Quería dejar de quererle. Quería dejar de amarle. Y entonces, pensó en Alma y en Ana.
¿Qué dirían sus mejores amigas cuando se enterasen de lo que Lucas le había hecho?
Probablemente, Alma dijese que se lo advirtió. Pero Ana no diría nada, porque todavía no ha visto ni en persona ni en fotos al imbécil que le acababa de romper el corazón.
Lloraba, sin saber que en la otra punta de Madrid, una buena amiga suya daba su primer beso.
-Que me gustas mucho, Ana.- Le susurró.
-¿De verdad?- Preguntó Ana.
-De verdad.
-Entonces, bésame.
Y él, le rozó el cuello con sus labios.
Jugueteaba con su lengua alrededor de su cuello, y notaba cómo su pulso se iba acelerando, y eso daba paso a la pasión.
Lola no podía creer lo que veía; Lucas se bebía su vodka lila de un trago, tiraba el vaso al suelo, y besaba en los labios a su acompañante.
Logró centrar su mirada en la chica. Y no pudo evitar quedarse con la boca abierta. Era Ana. Ana; la amiga de Verónica.
Y entonces, Lola saltó la barra, y se abrió paso entre la gente.
Pero para cuando llegó a donde ellos estaban, ya habían entrado en el baño besándose.
-Ya es tarde.- Se dijo a sí misma.
Pero no lo era, en ese momento, si hubiese entrado, todo se habría acabado por aquella noche.
Miró hacia la entrada, y se encontró con Alma y Gabriel.
Gabriel también vio a Lola, y besó en los labios a Alma.
-¿Pero qué cojones haces?- Gritó Alma.
Lola los miraba divertida.
-Besarte.- Respondió Gabriel.
Lola lo escuchaba todo perfectamente, pues era la hora del cambio de DJ, y el nuevo aún no había llegado.
-¿Quién te has creído que eres?- Gritó Alma, y rebuscó en su bolsillo algo.
Un billete de cinco euros.
Cuando lo encontró, se giró hacia una chica pelirroja de su misma estatura, y le cedió el billete.
-Perdona, bonita, te compro tu bebida por cinco euros.- Le dijo, sonriente.
-Es una cerveza.- Dijo, mientras cogía el billete y le daba el vaso.
-Gracias.
Y entonces, con el malhumor de un gato recién bañado, se giró hacia Gabriel…
Y Lola cada vez sonreía más.
…Y le tiró la cerveza en toda la cara.
Los cubitos de hielo impactaron contra su ojo derecho, y la cerveza se le escurrió por toda la cara.
-Vete a la mierda, cariño.- Le gritó Alma.
Y Lola comenzó a aplaudir y a reír.
Y Alma dio media vuelta, y fue corriendo al aseo.
Lola ni siquiera pudo pararla poniéndose de por medio.
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