miércoles, 2 de noviembre de 2011


Capítulo uno:

Lucas tenía frío. Había olvidado pedirle a Verónica su cazadora.
Aparcó su moto, y se bajó.
Esperó a que el semáforo estuviera en verde para cruzar la calle.
Cuando llegó al portón, presionó el botón del 2º B.
-¿Quién?- Preguntó una voz desde el portero automático.
-Soy yo, Lucas… ¿Vienes a tomarte algo?- Preguntó Lucas.
-En seguida bajo, además, no podía dormir.
-Vale, te espero, princesa.
-Vale.
Sonrisas a ambos lados del telefonillo.

Lucas se puso los auriculares en las orejas y la música a tope.

Sacó la cajetilla de tabaco del bolsillo de su pantalón vaquero.
En seguida, una chica morena que lucía un bonito vestido rojo pasó por allí.
-Perdona, bonita. ¿Llevas fuego?
La chica lo miró tímidamente.
-Sí, toma.
La chica metió la mano en su bolso, y le cedió el mechero.
Él lo cogió, y por un instante, sus manos se tocaron.
Ella se sonrojó.
Él la miraba atentamente.
Descubrió que tenía una pestaña de cada color.
En seguida, bajó la mirada. El corazón le latía fuertemente. Y no quería separarse de ella. Aunque de eso no se dio cuenta ni siquiera él.
Se puso el cigarrillo entre los labios, y se lo encendió.
-Gracias.- Murmuró.
-De nada.
Y la chica continuó su camino, hasta que él interrumpió sus pasos con su voz preguntándole:
-Perdona, bonita. ¿Me dices tu nombre?
Ella se giró completamente y caminó hasta él mientras se mordía el labio superior y sonreía.
-Ana.- Dijo. –Me llamo Ana. ¿Y tú eres…?
-Lucas. Yo soy Lucas. ¿Te apetece dar una vuelta?
-¿A dónde quieres ir?
-Pues cerca de aquí hay un local que está muy bien.
-¿Te refieres al que está a dos o tres calles de aquí?
-Sí, al local ese nuevo que no recuerdo su nombre.
-Pues vayamos.
-Acompáñame.- Le pidió.
Y los dos se subieron a la moto.

Ella bajó las escaleras corriendo. Llevaba los tacones más bonitos que tenía. Y también el mejor vestido. Azul eléctrico.
Abrió la puerta del portón, y salió a la calle.
El viento le despeinó un poco el flequillo.
Miró hacia la izquierda y hacia la izquierda, pero no encontró a Lucas.
<<Menudo cabrón.>> Pensó.
Pero la noche acababa de comenzar, así que decidió ir a aquel local nuevo que tan de moda estaba por aquel entonces.
Caminaba despacio. Ésa iba a ser su noche.
Un coche pasó por al lado de ella.
Las calles de Madrid estaban muy calladas aquel sábado.
-¡Alma!- Escuchó que la llamaban.
Se giró.
Y allí estaba él. Gabriel.
Con su camiseta de tirantes negra, sus pantalones vaqueros azules eléctricos y sus Converse negras.
-¿A dónde vas?
-Pues voy sin rumbo, ¿Y tú?
-Al local nuevo.
-¿Al nuevo?
-Sí.
-Pues voy contigo.
-Genial.
Y juntos, siguieron el camino hasta el local sin saber cuánto cambiaría su relación después de esa noche.

-Está muy bien decorado, y hay muy buen ambiente.- Dijo Ana, después de enseñarle el DNI al portero.
-La verdad es que sí.- Comentó Lucas.
-Vayamos a la barra a pedirnos algo.- Propuso ella.

Desde detrás de la barra los observaba e intentaba recordar la cara del novio de Verónica.
<<Tiene que ser él. >> Pensó.
Corriendo, se sacó el BlackBerry del bolsillo de su pantalón vaquero.
Lo desbloqueó, abrió el menú. Mensajes. Escribir un nuevo mensaje.

Lucas está aquí, en el local. Está con una amiga. Ven rápido, les entretendré. Te quiero. PD: No estoy segura de si es él, pero se parece mucho.

El sonido que indicaba que acababa de recibir un mensaje la despertó de su sueño.
Encendió la luz, y cogió el móvil.
Un mensaje de Lola.
Lo abrió, y lo leyó.
Cuando logró entenderlo, marcó el número de teléfono de Lucas.

-Te está sonando el móvil, Lucas.- Ana debía de tener muy buen oído, porque escuchó el tono de llamada del teléfono de Lucas a pesar de lo fuerte que estaba la música.
Él sacó su teléfono de su bolsillo, y miró la pantalla.
Verónica.
Pulsó la tecla verde.
-Lucas…
-Dime.
-¿Dónde estás?
-En casa, ¿Por qué?
-¿Qué es ese escándalo?
-Mi hermano, que tiene la música súper alta.
Entonces, Verónica supo que Lucas estaba en el local nuevo con una acompañante, y tras decirle que le amaba y que no quería separarse de él jamás, él pulsó el botón rojo de su teléfono.

Prólogo:


Era noche cerrada. Verónica reía abiertamente. No paraba de besarle. Tampoco quería parar. Un gato negro cruzó la calle. Estaba con él, sentía el olor de su desodorante muy de cerca.
Él la miró a los ojos. Ella se mordió el labio superior. Le habría gustado quedarse congelada en aquel segundo. Pero no, el tiempo no puede congelarse, y menos aún si tienes el calor de sus besos. El tacto de su lengua en la tuya. Tienes esa mano que te toca el pecho izquierdo. Y su cazadora puesta para protegerte del frío. Tienes el pulso más acelerado de lo normal, y eso es normal, es típico. Eso siempre ocurre cuando estás a menos de un metro de él. El semáforo cambió de rojo a verde, y de nuevo a ámbar.
Ella se aferraba a su camiseta de tirantes básica. Estaban sentados en el bordillo de la acera, sin embargo en ese momento estaba tocando el cielo.
Se sentía feliz, como nunca lo había estado. Se sentía querida. Y nadie antes de él había mostrado amor por ella. Amor por esa persona que se escondía tras aquellas gafas de pasta negras y aquella sonrisa tan bonita que pocos habían visto. Amor hacia el bicho raro de la clase. Amor hacia la callada e incomprendida Verónica. Amor hacia aquella chica que jamás se había soltado el pelo delante de nadie.
-Dime que esto es para siempre, Lucas.- Le rogó ella, ante la mirada atenta de aquel gato negro que buscaba cobijo debajo de aquel contenedor.
-Que esto es para siempre, Lucas.- Repitió él, burlón. Imitó su tono de voz, y los dos acabaron riéndose.
-Venga, ya en serio, jolín.- Protestó Verónica.
-Te amo, y siempre será así.
-Prométemelo.
-Te lo prometo.
Y se besaron, y se besaron, y se volvieron a besar.
Pasaron unos minutos, hasta que Verónica miró su reloj.
-Son las once, tengo que subir ya a casa, o me castigarán.
-Bueno, sube.
Los dos caminaron hasta el portón del edificio de Verónica, y se despidieron con un beso en la boca.
-Te amo, nunca lo olvides.- Le gritó Lucas, cuando la puerta ya se había cerrado, y ella, feliz, empañó el cristal de la puerta con su aliento, y dibujó un corazón con su dedo.
Él sonrió.
Pero entonces, su mente le traicionó, y pensó en Alma.
Esa chica bonita de pelo rubio y ojos preciosos.
La misma chica bonita que tan amiga de Verónica era.
Y se sonrojó.
Cuando abrió los ojos, Verónica ya se había subido en el ascensor.
Y él, sacó las llaves de la moto de su bolsillo.
Se subió, la arrancó, y recorrió las calles de Madrid en aquella noche tan fría.

-Ya estoy en casa.- Comentó Verónica cuando entró.
Lo único que encontró como respuesta fue silencio.
No se había acostumbrado aún a que sus padres se hubiesen ido a pasar el fin de semana a Mallorca.
Si se hubiese acordado, habría invitado a subir a Lucas y habrían dormido juntos.
Corrió hacia el balcón para comprobar si Lucas se había ido ya o no.
Pero ni rastro de él ni de su moto.
-Ya se ha ido a su casa.- Se dijo a sí misma en voz alta.
No sabía hasta que punto era verdad eso.